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viernes, 26 de agosto de 2011

Violencia en centros educativos: ¿problema de la sociedad?

Encontre un artículo interesante sobre la violencia en los centros educativos de Uruguay que me gustaría compartir citando algunas partes mientras doy mi opinión personal. El artículo es del Boletín Salesiano que salió en Junio del 2009.

"Se sabe que, en los centros educativos, se registran cada vez más acciones violentas, especialmente entre los alumnos. Es un tema que preocupa, y no sólo a nivel local. A nivel internacional, diversos estudios sobre la violencia han llevado a utilizar el término anglosajón "bullying". [...] En español, el término elegido, y que representa claramente esta realidad, es el de hostigamiento entre alumnos o entre pares.
El hostigamiento se traduce en acciones violentas dentro de los centros educativos, que generan graves consecuencias para quien las reciben y deja también consecuencias para quien las efecutan. Dentro de este accionar se encuentra situaciones de marginación o asilamiento,
hostigamiento, desprecio, burlas, uso de sobrenombres, chantajes, manipulación social de la imagen de las personas, exclusión, intimidaciones, amenazas, a la integridad y agresiones físicas o psíquicas, que son parte de un repertorio de acciones violentas que se encuentran hoy en cualquier centro educativo del país.
En todas estas acciones hay víctimas, victimarios y testigos. Las víctimas son las que más se ven afectadas en su autoestima, en la construcción de su identidad y en su forma de ser y estar en el mundo. Estamos hablando de niños y adolescentes, y estos ataques impactan en lo más profundo de sus vidas. Las víctimas viven realmente mal esta situación, a punto tal que se
les pueden generar bloqueos en relación al aprendizaje curricular, así como también a su proceso de construcción de identidad y de imagen, que puede quedar relegada por los dichos y hostigamiento de sus compañeros. Esta situación genera muchas veces ira e impotencia, y su canalización no siempre es bien resuelta, por lo que puede llegar a expresarse en forma de venganza o de violencia hacia los otros.
A su vez, las personas que se posicionan como agresores u hostigadores tienen, por una parte, una engañosa sensación de satisfacción, y en algunos casos, el reconocimiento social de su círculo más cercano. Muchas veces quedan cubiertos por un manto de impunidad y se hace imposible cualquier tratamiento en relación a su acción. Aunque muchos pueden sentirlo como algo normal, porque no les genera problema alguno, esta actitud genera consecuencias muy delicadas. Por una parte, se plantea un modelo de relación social basado en la violencia y determinación por el poder del más violento. Así se van estableciendo relaciones de violencia en los distintos ambientes,y sobre todo se va aprendiendo que de esta forma se pueden solucionar los distintos conflictos cotidianos. Como se dijo, es una solución falsa, porque no tiene en cuenta al otro, porque impone una persona o una posición sobre otra, y porque promueve un modelo de conviviencia que no es generador de vida y que, a la larga, lleva a un espiral que no tiene fin, en el que quien hoy es el agresor, mañana puede pasar a ser la víctima. [...]
Cabe entonces preguntarse qué se puede hacer para influir positivamente sobre esta realidad y qué caminos se podrían transitar para contribuir a revertir la situación."


Hasta el momento el artículo ha hablado de las consecuencias que presenta la situación de violencia tanto para víctimas como para victimarios y cómo los afecta en su futuro. La razón por la que cité esos párafos fue porque se habla de una relación directa entre el fenómeno Bullying y la sociedad. Se habla de que los afectados son niños y adolescentes y ellos son la sociedad del futuro. Las repercusiones propias que cada uno de ellos perciba van a influir en su comportamiento, que se traduce en acciones, decisiones, que influyen en los demás y de esa manera afectan a la sociedad. El artículo explica como esta situación genera un modelo de relación en el cual el más fuerte domina sobre el más débil, lo cual me recuerda a la relación que existe entre los animales donde solo los más fuertes sobreviven. Puede que sea una comparación extremista pero de todos modos, nadie querría que una sociedad civilizada como la nuestra, donde tenemos la capacidad de utilizar la razón, decayera de tal manera que pudiera parecerse a la vida dentro del reino animal, ¿no?. Aquí radica el problema de lo que es el acoso escolar, los niños y adolescentes deben aprendar a relacionarse de manera adecuada entre ellos, valores como el respeto, la tolerancia y la educación deben volver a adquirir importancia, de lo contrario a la larga nos todos nos veremos afectados.
Hay que tener en cuenta que la primer educación del niño no la recibe en la escuela, sino que se la recibe en su hogar, su familia es la que se encarga de enseñarle normas básicas de comportamiento. Pero, ¿qué pasa cuando la violencia es algo habitual en el hogar? En esas situaciones el niño aprende, bajo el ejemplo de sus padres, que la violencia es algo "normal", una forma de interactuar con los demás. Si así fue enseñado el niño, así se comportará en la escuela. Por eso, para lograr disminuir la violencia en los centros educativos se debe prestar atención a las familias de los estudiantes y es ahí donde se necesita hacer algo.
En el artículo se habla sobre ésta influencia de la familia "los últimos datos de una investigación del Instituto Infamilia, del Ministerio de Desarrollo Social, señalan que en el área metropolitana, el 82% de los padres reconoce haber castigado, ya sea física o psicológicamente, a sus hijos." Aquí se habla de un 82% de padres que practicaron la violencia con sus hijos, una cifta bastante importante. Sin embargo, estaríamos entrando en un tema mucho más complejo en el cual le llevaría años al propio Estado, poder lograr cambios. Volviendo al tema central de la violencia entre estudiantes, ¿qué se puede hacer entonces para cambiar esta realidad?

El autor del artículo, Federico Da Costa, plantea posibles maneras de accionar: "la complejidad del problema hace difícil encontrar soluciones únicas y de rápida efectividad. Lo que se puede encontrar son situaciones que favorecen resoluciones y salidas a esta realidad. Una es transitar el camino de fomentar el diálogo y el acuerdo sobre las normas de comportamiento dentro del centro educativo. A su vez, hay que estar atentos a cualquier situación de violencia, para poder generar espacios donde tratarlas con diálogo y respeto. Es importante también poner al alcance de todos las nuevas herramientas que van surgiendo para procesar la información y resolver los conflictos. Buscar nuevas formas para poder expresar sentimientos, tensiones e ideas y para canalizarlas de manera respetuosa y dialogal. Una buena medida para generar situaciones de no-violencia puede ser que los centros educativos incluyan en sus currículas estrategias de resolución de conflictos y de consejo, que brinden herramientas para tratar estos temas y apunten a generar una cultura de paz."

lunes, 22 de agosto de 2011

En Uruguay, un 15% de los niños y adolescentes son protagonistas del fenómeno Bullying.

En el 2007 se realizó la investigación Hostigamiento Escolar en Uruguay, en la cual se estudió a 357 estudiantes (de entre 10 y 18 años) en cuatro institutos privados de Montevideo.
Los datos obtenidos demuestran que un 6,5% de los estudiantes son víctimas frecuentes de acoso escolar y un 8% son hostigadores.
Con respecto a las formas en las que se produce el maltrato, en un 24,5% de los casos, el maltrato se vuelve físico, en un 46,5% de los casos, el maltrato es verbal (mediante insultos, amenazas, sobrenombres ofensivos) y el 25% restante incluye diversas formas de rechazo, como el aislamiento social más conocido como "hacerle el vacío a una persona" o "no le hables a fulanito".
Con respecto a los lugares dentro del instituto donde se desarrolla este fenómeno, los porcentajes obtenidos demustran que el lugar donde se desarrolla con mayor frecuencia el fenómeno Bullying es el patio (60%), seguido por el salón de clase (25%) y los pasillos (8,5%).

La violencia estudiantil no solo es causada por los alumnos, los docentes parecen tener un gran protagonismo. Según la información brindada por 133 docentes de 60 centros educativos primaros, secundarios y técnicos del Uruguay, tanto públicos como privados, el 41% de los docentes tiene colegas que hostigan con frecuencia a sus alumnos.

Click aquí para leer más sobre el estudio.

Opinión Personal.

En mi opinión los docentes influyen mucho en el desarrollo de esta problemática, sea de forma consciente o inconsciente. Muchas veces algunos profesores creen que para hacer más amena la clase es divertido hacer ciertas bromas sobre los estudiantes o deschabar en voz alta algún secreto de esos que se escriben en papelitos. Si bien este comportamiento no parece tan ofensivo, lo que dijo el profesor sobre ese alumno y lo que escribió en el papelito esa alumna son datos que los compañeros intimidadores de la clase no pasan por alto. Estos casos son en los que a mi entender, los profesores participan de forma consciente. Por otra parte están aquellos casos de maestros o profesores que luchan por mantener a la clase atenta y de tan ignorados o cansados que se sienten, pasan por alto cualquier tipo de burla, comentario ofensivo o molestia que se desarrolla en la clase. Cuando digo "pasan por alto" me refiero a que ni siquiera logran verlo, siendo incapaces de accionar para poner órden. En estos casos, los docentes participan de forma inconsciente, contribuyen a que ese tipo de situaciones se sigan generando porque no ponen la atención suficiente. Aquellos profesores que siendo testigos de ese tipo de situaciones, deciden no hacer nada al respecto, ni siquiera dar un llamado de atención, también contribuyen de forma consciente a que ese o esos estudiantes continúen recibiendo el maltrato por parte de sus compañeros. Probablemente, esta sea la postura más habitual del docente frente al Bullying, el "yo no vi nada raro".

El sitio Espacio Todo Bien ofrece una guía muy útil para los docentes sobre las distintas situaciones a las que deberían estar atentos:


  • Las relaciones entre los alumnos, especialmente en el patio y los corredores.

  • Los "billetitos", escrituras en el pizarrón y pintadas en paredes y demás.

  • La no participación habitual de algún/os alumno/s en las tareas cooperativas.

  • El aislamiento parcial o total de algún alumno del resto del grupo.

  • Evidencias físicas de violencia como moretones, rasguños, cortadas, etc.

  • La aparición de comportamientos no habituales, así como la tristeza sostenida en el tiempo. o la poca comunicación, en alumnos en los que este tipo de conductas no eran frecuentes.

  • El ausentismo reiterado de un alumno en particular, especialmente si se "retea solo".

  • Los alumnos que por una u otra razón "son diferentes".

  • Los alumnos que se quejan de forma reiterada.

  • Trabajos presentados por equipos "poco creíbles", es decir grupos de alumnos que se sabe no suelen trabajar juntos.

  • Los comentarios despectivos realizados en clase respecto a otro compañero, a viva o baja voz.

  • Manifestaciones somáticas reiteradas de algún alumno: dolor de cabeza, de estómago o de otro tipo.

  • Reacciones extrañas o excesos de ira.

  • Alteraciones del rendimiento académico.

  • Pérdidas de atención y concentración.

  • Comentarios de los padres.

Click aquí para ver el artículo principal.

domingo, 7 de agosto de 2011

Artículo de el diaro "El País" sobre las repercusiones del bullying en los estudiantes.

El bullying es un ataque o daño causado intencional y sistemáticamente, sea físico o psicológico, a un niño o adolescente en la escuela o liceo. Según investigaciones realizadas durante la última década en el equipo multidisciplinario Todo Bien, se estima que entre el 10 y el 15% de estos menores son afectados por esa dinámica en Montevideo. "Esta es la realidad que venimos confirmando, y notamos una tendencia en aumento", señala el psicólogo Gabriel Barg, integrante de ese espacio además de docente e investigador de la Universidad Católica.

Y están surgiendo datos nuevos, que al mismo tiempo que arrojan más luz sobre estos casos destapan realidades preocupantes. Las tesis de grado de dos estudiantes de psicología, cuyo tutor es el propio Barg, han logrado vincular al bullying con otros dos factores que aún no habían sido relacionados de manera empírica: el rendimiento escolar y las habilidades sociales. Además, se trata de investigaciones -que se desarrollaron a lo largo de dos años- realizadas en el Interior del país, supuestamente más tranquilo que Montevideo, pero no tan distinto.

La primera tesis fue realizada por la futura psicóloga Mariel Mazur, en un liceo público del departamento de Colonia sobre 308 alumnos de ciclo básico. Los adolescentes identificados como "víctimas", el 3,6% del total, tienen un rendimiento académico de 6,82 (en una base de 1 a 12); el de los "hostigadores", un 4,2% de la muestra, es de 3,54; y para el que cumple los dos roles en esta dinámica, un 0,6%, un 3,5%.

"Contrariamente a lo que ha sido publicado en otros países, los más perjudicados en este caso resultan ser los agresores", señala Barg. La propia Mazur, autora del estudio, dice que este también derriba otro mito: "Las notas, el rendimiento, tienen que ver con la motivación; y se creía que un hostigador, al ser más 'popular' entre sus pares, podía tener mejor escolaridad que el hostigado".

En cambio, otro mito, el del alumno que acosa a otro envidioso de que obtiene mejores notas, parece reforzado. Barg puntualiza que eso no es así: el promedio de las víctimas es mejor que el de los hostigadores, "pero no que el resto de los estudiantes" ajenos a esta dinámica (tener un promedio de 6,82 no es lo que se dice "ser un bocho"). También ellos ven afectado su rendimiento: faltan o se niegan a asistir a clases, se cambian de liceo. En cualquier caso, enfatiza, arroja que "participar del bullying, de cualquier forma, es perjudicial. Estos problemas no solo los tiene la víctima, también el agresor".

La víctima del bullying tiene muchas más carencias que el hostigador en sus habilidades sociales. Nicolás Capote, el estudiante que llevó adelante la otra investigación, las identifica como "la competencia de una persona para actuar en diferentes situaciones sociales, como hacer amigos, resolver problemas, defender sus derechos o decir que no". En otras palabras: poner límites. Así, quien tiene vulnerabilidades en su inserción en un grupo es presa fácil de aquel con mayores habilidades para manipular a sus pares.

La tesis de Capote se realizó en Lavalleja, también en el ciclo básico de una institución pública, y con una muestra de 180 alumnos. El 4,75% fueron calificados como "víctimas", el 6,2% como "hostigadores" y hubo un 1% de "víctimas/hostigadores".

"Los agresores son muy hábiles para detectar las carencias para relacionarse de las víctimas", agrega Barg, el tutor. "Y ahí entramos en otro tema interesante: los hostigadores tienen un montón de habilidades sociales pero sin embargo tienen un modelo de interferencia; es decir, no pueden aplicar esas habilidades para relacionarse satisfactoriamente, tener amigos y divertirse, sino para manipular situaciones y para agredir a otros".

El estereotipo del adolescente hábil, sociable, "popular" -más frecuentemente varón- logrando consenso para tomar "de punto" a aquel más retraído, se cumple a rajatabla. La actitud de este último responde a varias causas: haber sido sobreprotegido en su hogar, o no estimulado para interactuar socialemente, es una. De cualquier manera, los expertos señalan la incidencia de la falta de habilidades sociales para convertirse en víctima por encima de otras características como las físicas: ser gordo, bajito, usar lentes o un largo etcétera.

"No hay que quedarse con el estereotipo de que los acosados son los 'raros'. Se han conocido casos de víctimas en la dinámica bullying que son muy altos, que realmente 'meten miedo', acosados por pares más chicos. La diferencia de poder no se da por un tema físico sino psicológico y social", sostiene Barg.

"Acá en Uruguay vemos un crecimiento de esta dinámica. Estamos en una sociedad que está generando en los adolescentes formas de relacionarse bastante agresivas. Lo bueno es que cada vez hay más conciencia de la situación, y por lo tanto puede ser percibida e identificada", afirma el psicólogo.

Para leer más sobre el estudio, hacer click aquí.

Información extraida de El País.