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domingo, 7 de agosto de 2011

Artículo de el diaro "El País" sobre las repercusiones del bullying en los estudiantes.

El bullying es un ataque o daño causado intencional y sistemáticamente, sea físico o psicológico, a un niño o adolescente en la escuela o liceo. Según investigaciones realizadas durante la última década en el equipo multidisciplinario Todo Bien, se estima que entre el 10 y el 15% de estos menores son afectados por esa dinámica en Montevideo. "Esta es la realidad que venimos confirmando, y notamos una tendencia en aumento", señala el psicólogo Gabriel Barg, integrante de ese espacio además de docente e investigador de la Universidad Católica.

Y están surgiendo datos nuevos, que al mismo tiempo que arrojan más luz sobre estos casos destapan realidades preocupantes. Las tesis de grado de dos estudiantes de psicología, cuyo tutor es el propio Barg, han logrado vincular al bullying con otros dos factores que aún no habían sido relacionados de manera empírica: el rendimiento escolar y las habilidades sociales. Además, se trata de investigaciones -que se desarrollaron a lo largo de dos años- realizadas en el Interior del país, supuestamente más tranquilo que Montevideo, pero no tan distinto.

La primera tesis fue realizada por la futura psicóloga Mariel Mazur, en un liceo público del departamento de Colonia sobre 308 alumnos de ciclo básico. Los adolescentes identificados como "víctimas", el 3,6% del total, tienen un rendimiento académico de 6,82 (en una base de 1 a 12); el de los "hostigadores", un 4,2% de la muestra, es de 3,54; y para el que cumple los dos roles en esta dinámica, un 0,6%, un 3,5%.

"Contrariamente a lo que ha sido publicado en otros países, los más perjudicados en este caso resultan ser los agresores", señala Barg. La propia Mazur, autora del estudio, dice que este también derriba otro mito: "Las notas, el rendimiento, tienen que ver con la motivación; y se creía que un hostigador, al ser más 'popular' entre sus pares, podía tener mejor escolaridad que el hostigado".

En cambio, otro mito, el del alumno que acosa a otro envidioso de que obtiene mejores notas, parece reforzado. Barg puntualiza que eso no es así: el promedio de las víctimas es mejor que el de los hostigadores, "pero no que el resto de los estudiantes" ajenos a esta dinámica (tener un promedio de 6,82 no es lo que se dice "ser un bocho"). También ellos ven afectado su rendimiento: faltan o se niegan a asistir a clases, se cambian de liceo. En cualquier caso, enfatiza, arroja que "participar del bullying, de cualquier forma, es perjudicial. Estos problemas no solo los tiene la víctima, también el agresor".

La víctima del bullying tiene muchas más carencias que el hostigador en sus habilidades sociales. Nicolás Capote, el estudiante que llevó adelante la otra investigación, las identifica como "la competencia de una persona para actuar en diferentes situaciones sociales, como hacer amigos, resolver problemas, defender sus derechos o decir que no". En otras palabras: poner límites. Así, quien tiene vulnerabilidades en su inserción en un grupo es presa fácil de aquel con mayores habilidades para manipular a sus pares.

La tesis de Capote se realizó en Lavalleja, también en el ciclo básico de una institución pública, y con una muestra de 180 alumnos. El 4,75% fueron calificados como "víctimas", el 6,2% como "hostigadores" y hubo un 1% de "víctimas/hostigadores".

"Los agresores son muy hábiles para detectar las carencias para relacionarse de las víctimas", agrega Barg, el tutor. "Y ahí entramos en otro tema interesante: los hostigadores tienen un montón de habilidades sociales pero sin embargo tienen un modelo de interferencia; es decir, no pueden aplicar esas habilidades para relacionarse satisfactoriamente, tener amigos y divertirse, sino para manipular situaciones y para agredir a otros".

El estereotipo del adolescente hábil, sociable, "popular" -más frecuentemente varón- logrando consenso para tomar "de punto" a aquel más retraído, se cumple a rajatabla. La actitud de este último responde a varias causas: haber sido sobreprotegido en su hogar, o no estimulado para interactuar socialemente, es una. De cualquier manera, los expertos señalan la incidencia de la falta de habilidades sociales para convertirse en víctima por encima de otras características como las físicas: ser gordo, bajito, usar lentes o un largo etcétera.

"No hay que quedarse con el estereotipo de que los acosados son los 'raros'. Se han conocido casos de víctimas en la dinámica bullying que son muy altos, que realmente 'meten miedo', acosados por pares más chicos. La diferencia de poder no se da por un tema físico sino psicológico y social", sostiene Barg.

"Acá en Uruguay vemos un crecimiento de esta dinámica. Estamos en una sociedad que está generando en los adolescentes formas de relacionarse bastante agresivas. Lo bueno es que cada vez hay más conciencia de la situación, y por lo tanto puede ser percibida e identificada", afirma el psicólogo.

Para leer más sobre el estudio, hacer click aquí.

Información extraida de El País.


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